En el país de los Toraja (Parte III)

 

Con esta tercera entrega finalizamos nuestro recorrido por esta región de Indonesia. Esta vez trataremos las ceremonias y los sitios de enterramiento. Sí queréis saber más sobre esta emocionante cultura, recomendamos leer los dos capítulos anteriores,

en éste enlace (parte I)

y en éste (parte II).

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Una vez los hiperbólicos funerales Toraja, que pueden durar varios días y atraer a cientos de personas de toda Indonesia, han finalizado, los fallecidos son trasladados a los lugares de enterramiento. Nichos comunales excavados en la roca donde reposan los restos de sus antepasados. El cuerpo es conducido en un ataúd circular, junto con su tau-tau (estatua de madera que representa al finado) y dentro de un féretro que se asemeja a la casa tradicional Toraja (los tongkonan, de los que ya hablamos en capítulos anteriores).

Nadie diría que la comitiva que transporta el cuerpo participa en un funeral tal y como lo conocemos nosotros. Se oyen risas, gritos, cánticos alegres. Los jóvenes que acarrean el féretro lo bambolean sin parar de un lado a otro, bromeando y empujándose cómicamente entre ellos. Al cruzar un río los invitados comienzan a echarse agua unos a otros, como si fueran niños, en una chocante expresión de regocijo colectivo. Y es que el ambiente es ante todo, festivo.

Un funeral Toraja no es sólo una ceremonia donde llorar al muerto. Es un espectáculo, una reunión de amigos, un lugar donde observar y ser visto, una juerga en un bar, una ocasión para beber, comer y encontrarse con los seres queridos. Todo en honor al finado.

Aquí no se oculta la realidad. Que la nada no es más que una expresión complementaria y necesaria de la existencia.

Un darle gracias a la muerte por poder celebrar la vida.

 

 

¨Uno puede dar excusas para no acudir a una boda, pero es imposible eludir un funeral¨ comenta un invitado local. Un Toraja medio acude a unos 300 funerales, aparte del suyo, claro. El evento más importante de su vida que, paradójicamente, transcurre una vez finalizada ésta.

Los sitios de enterramiento Toraja son lugares muy especiales. Están diseminados por toda la región y siempre se erigen en zonas rocosas, puesto los fallecidos deben estar contacto con la roca viva. Pueden ser acantilados, cuevas o incluso agujeros perforados en bloques de piedra o peñascos.

 

 

El aspecto de muchos de ellos es surreal. Decenas de tumbas excavadas en la roca, cientos de ojos vacíos de madera de los Tau-Tau observándote. En muchos lugares los restos óseos y las calaveras se desparraman por las inmediaciones. No se conoce muy bien la antigüedad de estos sitios de enterramiento, puesto que la transmisión de la tradición toraja había sido oral hasta bien entrado el siglo XX. Sin embargo dataciones recientes usando Carbono 14 estiman que algunos podrían haberse estando utilizando desde el siglo IX.

La oferta de sitios de enterramiento visitables es muy variada. Algunos de los más famosos están en Londa y Ke´Te´Kesu, con sus tumbas colgantes y ataúdes de madera esculpidos con forma de búfalos, Lemo y Suaya, con nichos y balcones excavados en la roca repletos de Tau-Tau. En todos ellos hay que pagar una entrada o ¨donativo¨ y se aconseja acompañarse de un guía si es que se quiere conocer más acerca del lugar y su historia.

 

Tumbas colgantes de Ke´Te´Kesu

Tumbas colgantes de Ke´Te´Kesu

A nosotros nos llamaron especialmente la atención los monumentos funerarios megalíticos, donde se combinan los sitios de enterramiento con antiguos espacios de celebración de funerales. Suelen estar compuestos de menhires y fueron colocados allí como una manera de honrar a los más nobles de entre las familias de la zona que estaban enterrados allí. Son lugares muy significativos para los toraja, y muchos rituales funerarios se siguen celebrando allí. Los más famosos son Bori Parinding y Bori Kalimbuang. Decidimos visitar éste último porque estaba dentro de una maravillosa ruta que hicimos en motocicleta por el norte de Rantepao que recomendamos y  pasamos a explicar a continuación.

 

 

 

RUTA EN MOTOCICLETA POR EL NORTE DE RANTEPAO

RANTEPAO– MERCADO DE BÚFALOS DE BOLU – BORI KALIMBUANG – BATTUTUMONGA- TIKALA – RANTEPAO

Se trata de una ruta de unos 40 kilómetros que se puede hacer en un día sin problemas, con paradas incluidas. Partimos del lugar dónde alquilamos las motocicletas (ver enlace y mapa adjunto) y nos dirigimos dirección norte hacia el mercado de Bolu. Éste se encuentra a las afueras de la ciudad y consiste en un mercado al aire libre gigantesco típico de Indonesia, con el aliciente de que dos veces por semana se comercia con búfalos, uno de los tesoros más preciados de los Toraja. El mercado por sí solo ya merece la pena, pero si podéis hacer coincidir vuestra visita con el día de compraventa de ganado mucho mejor. Es muy interesante observar las transacciones, regateos y los mismos animales, muchos de ellos destinados a ser sacrificados en funerales. Con suerte podréis ver algún búfalo albino, mucho más raros y delicados, y que alcanzan precios astronómicos en el mercado.

 

 

De ahí la carretera serpentea paralela a un río que va abrazando pequeñas aldeas, tongkonan diseminados aquí y allí y bastantes iglesias protestantes (recordemos que aunque mantienen gran parte de sus tradiciones animistas, los toraja son cristianos). Bori Kalibuang se encuentra al lado de la carretera principal. Se trata de un lugar funerario que se ciñe a las faldas de una colina. Al lado de la entrada principal se encuentran los menhires y la zona de celebración de rituales. Los menhires se entremezclan con diversos templos rituales en un escenario imponente más acostumbrado a verse en otras latitudes. Cuesta trabajo imaginar como consiguieron traer estas moles de piedra de las canteras y auparlas hasta aquí. Mucha fuerza humana y la ayuda de estacas de bambú, que aquí se usa para todo y cuyos troncos alcanzan unos diámetros descomunales.

 

 

Si asciendes la colina pronto te toparás con la zona de enterramientos, donde destaca un enorme peñasco de varios metros de altura en medio de la jungla, lleno de tumbas excavadas en la roca. Cada nicho pertenece a una familia, que se encarga de cuidarlo y mantenerlo. La combinación de naturaleza exuberante y esqueletos desparramados, tau-taus de varios tamaños y restos de funerales recientes dan al lugar una apariencia mágica, de otro mundo. Cómo si a la estética de la muerte se le despojara de su manto siniestro. Uno de esos momentos en que sientes que realmente ha merecido la pena hacerse miles de kilómetros para venir hasta aquí.

 

 

Un lugar único, parece sacado de una película de Miyazaki.

Más arriba se encuentra un árbol de enterramiento de infantes. Aquellos fetos o bebes prematuros que fallecen no se entierran de la manera tradicional. Se colocan en una especie de cestas de ratán, que son cosidas a troncos de determinados árboles. Los toraja creen que el cuerpo del bebe será asimilado por el árbol, que lo conducirá a través de la savia a las ramas y hojas de su copa, desde donde su alma podrá al fin alcanzar el puya o paraíso y descansar allí para siempre. En los árboles se pueden ver los restos de estas cestas. Muchas de ellas son tan antiguas que literalmente han sido englobadas por el crecimiento lento pero continuo del tronco sarmentoso. Una imagen tan simbólica y hermosa, que oscila burbujeante en tu memoria con el paso de los días.

 

Árbol de enterramiento de bebés. Podéis observar el pequeño sarcófago de tela negra en a parte superior del tronco.

La carretera empieza a ascender una vez pasado Bori Kalibuang en dirección a Batutumonga. Terrazas de arroz y bosques de bambú se suceden mientras vamos cogiendo altura. La carretera se estrecha y serpentea. El valle de Rantepao se extiende ante tus ojos, rodeado de colinas de media altura. Estamos ascendiendo por las faldes del monte Sesean a más de 1600 metros de altura. Al llegar a Batutumonga se siente la bajada de temperaturas con respecto a Rantepao. Es una villa pintoresca con aire de estación de montaña, rodeada de cultivos y bosques con algunos restaurantes donde reponer fuerzas.  Nosotros comimimos en Mentirutiku coffeshop, restaurante correcto de comida típica indonesia con muy buenas vistas. Si se tiene tiempo desde Batutumonga salen varias rutas de senderismo interesantes como la que pasa por las aldeas de Loko´mata, Pana y Tikala y termina en Rantepao o la subida al Gunung Sesean.

 

Toca bajar a Rantepao. Se puede optar por volver por el camino de ida o utilizar la carretera (bastante bacheada) que baja a Tikala, otra villa con decenas de Tongkonan tradicionales que puede ser una parada perfecta antes de llegar de nuevo a la ciudad.

Como veis, la región Toraja da para mucho. Este viaje se realizó en 2015 y sin duda se mantiene en el recuerdo como uno de los mejores realizados durante nuestra estancia en el sudeste asiático.

Sulawesi es pura Indonesia: cultura, naturaleza, aventura. Pero sin las aglomeraciones (de momento) de Java o Bali. Es un destino honesto, que jamás os decepcionará si sabéis lo que vais a encontraros.

¡Saludos Flamencos!

Texto: Miguel A. Calero

Fotografías: Lucia Manresa y Miguel A. Calero

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