Yogyakarta mon amour

Es difícil resistirse a los encantos de Yogyakarta. Una ciudad vibrante, rodeada de maravillas naturales e históricas. Teniendo en cuenta el nivel estético urbanístico de Indonesia es un alivio contemplar una ciudad que, aunque sucia y caótica, invita a peregrinar por sus calles y ser testigo del devenir cotidiano de sus habitantes.

Yogyakarta está modelada por su pasado y su naturaleza. Dos fuerzas atávicas que se imponen agresivas, subyugando el porvenir de esta región, para lo bueno y para lo malo.

Al igual que otras ciudades míticas como Nápoles, Pompeya, México DF o Arequipa, Yogyakarta vive al amparo de un cinturón volcánico, cuyo más celebre representante, el volcán Merapi, se yergue despiadado al norte de la ciudad, vomitando cenizas y lava cada cierto tiempo para recordar al ser humano quien manda todavía en este lado del mundo. Al sur, toda la violencia del océano Índico se estrella contra los acantilados de sus costas. Algunas bahías y ensenadas amansan las aguas que dan algo de tregua en forma de playas y calitas recónditas poco frecuentadas por el turismo internacional.

 

Calita perdida en la costa de Yogyakarta

 

Las religiones, las distintas civilizaciones que pisaron Java y sus luchas internas para imponerse han sido un factor fundamental que explica la actual Yogyakarta. Una serie de reinos hindúes y budistas fueron sucediéndose desde el siglo VIII hasta finales del Siglo XVI. Alternando periodos de gloria con momentos oscuros, su legado puede ser observado en Prambaran o Borobudur, dos de los monumentos más visitados de Indonesia, y que suelen ser el motivo principal de la llegada de miles de turistas cada año a esta zona.

A partir de siglo XVII los musulmanes tomaron el relevo. En 1756, como resultado de una guerra civil, el sultanato de Mataram se dividió en dos, y dio comienzo al periodo del sultanato de Yogyakarta. La dinastía de este sultán continúa hasta nuestra época, y su Kraton (palacio) puede ser visitado, al menos parcialmente. Yogyakarta le debe al sultanato su actual configuración urbanística y su importancia como centro cultural y artístico en Java.

Como ocurrió en el resto del mundo, Yogyakarta también fue ocupada por las potencias coloniales europeas. En 1812, Sir Stamford Raffles, el mismo que fundara la ciudad de Singapur, condujo a 1200 soldados británicos en la toma de la ciudad, posteriormente cedida a los holandeses en 1814. El control de los holandeses sería efectivo hasta la Segunda Guerra Mundial, donde los japoneses conquistaron Java en 1942, gobernando la ciudad hasta 1945.

El apoyo de Yogyakarta fue esencial en la lucha indonesia por la independencia durante la Revolución Nacional de Indonesia (1945-1949). La ciudad se convirtió en la capital de la República de Indonesia de 1946 a 1948, después de que los holandeses reconquistaran Yakarta durante la Guerra de la Independencia. Debido a su importante contribución a la supervivencia de la República de Indonesia, Yogyakarta recibió el status de Región Administrativa Especial, lo que la hace la única región en Indonesia que está gobernada por una monarquía.

 

Ambientazo en el centro de la ciudad

 

Con todos estos mimbres, podéis imaginar que Yogyakarta da mucho de sí. Es como si sobre el entramado de la región se fundieran cientos de capas de distintos sabores y aromas. Es un crisol tan variado y desconocido en muchos aspectos que bien merece una parada prolongada. Muchos viajeros pasan a lo sumo uno o dos días para ver algo de la ciudad y sus principales monumentos en su camino hacia monte Bromo y Bali. Pero si tenéis tiempo, os recomendamos encarecidamente que paséis al menos cuatro o cinco días.

 

Daros un margen de cuatro o cinco días para descubrir detalles inéditos de esta ciudad!

 

YOGYAKARTA ES COMO UNA CEBOLLA

En ningún sitio de Java como aquí puede apreciarse el legado de las principales religiones que han ido construyendo la esencia del sudeste asiático: La capa musulmana, con su entramado de callejuelas, su palacio real y sus mezquitas. La muchedumbre enfebrecida que transita por la principal arteria comercial, turística y social de la villa, Malioboro Street, que prácticamente funciona las 24 horas del día. Las callejuelas alrededor de Jalan Sosrowijayan o de los kampungs (pequeños barrios tradicionales de calles estrechas y casas bajas) que rodean el palacio real, en los que uno podría detenerse durante horas.

 

Estrechos callejones donde la sofisticada ciudad adquiere el caracter de pueblo sencillo. A menos de 100 metros del trafico y la muchedumbre de Malioboro street.

 

Visitar el mercado central. Extasiarse en la vorágine del gentío que parece vagar sin rumbo fijo. Regatear, aplastarse en un rincón paladeando un aromático café javanés. Probar un satay de ternera o un arroz frito con sambal recién hecho en alguno de los cientos de puestos callejeros que jalonan Malioboro Street o Margo Utomo, al otro lado de las vías.

 

Satay callejero

 

A continuación tenemos la capa hindú, la más antigua de todas, con el sitio arqueológico de Prambaran a la cabeza. A tan solo 15 kilómetros de la ciudad, es una vasta extensión que albergaba originariamente más de 200 templos, y que hace de este sitio arqueológico el mayor templo hinduista de toda Indonesia y uno de los más grandes del sudeste asiático. Es aún más desmesurado de lo que uno puede llegar a pensar, porque en realidad Prambaran forma parte de un complejo de templos aún mayor que se extiende a lo largo de las colinas y mesetas que delimitan la falda sur del volcán Merapi.

Prambaran es especialmente conocido por los tres templos dedicados a la Trimurti (la sagrada trinidad del hinduismo). Tres torres de más de 40 metros finamente decoradas y esculpidas, dedicadas a Brahma, el creador, Visnú el preservador, y Shiva, el destructor y regenerador. Aparte de la visita a las tres torres, que te deslumbran nada más acceder al complejo, si uno quiere entender el recorrido y lo que ve, necesita tiempo y paciencia. Así que no es mala idea llegar lo antes posible por la mañana (el recinto abre sus puertas a las seis), antes de que el calor y la asistencia masiva de los turistas os agote.

 

Prambaran y sus inhiestos templos

Conforme te alejas de la entrada principal, los visitantes comienzan a escasear, y hacia el norte,  los templos menores, algunos en mejor estados de conservación que otros, brotan de la tierra como hongos. Ahora sí, se impone la exploración al azar, diseñada a tu gusto. Disfrutando de pequeños detalles, esculturas, grabados, estatuas milenarias que te observan. Unas con ojos desafiantes, otras libidinosas.

 

Terminamos este paseo por las religiones asiáticas con la capa budista y su gran protagonista:  Borobudur. El mayor templo budista del mundo y lugar de peregrinación muy popular. Construido en el siglo IX, alberga más de 2400 grabados en piedra y más de 500 representaciones de Buda, lo que da una idea de su inmensidad y grandilocuencia. Solo la plataforma superior, quizás una de las imágenes más famosas y fotografiadas de este monumento, contiene 72 estupas en forma de campana. El templo fue creado como un edificio adoctrinador, para impresionar a las masas, y desde luego consigue el efecto deseado. De forma piramidal, todo él es una gigantesca estupa que se compone de 9 plataformas, de las cuales las 6 primeras son cuadradas y las tres últimas circulares. Esto hace que visto desde arriba el templo imite a un gigantesco mandala.

 

La plataforma superior de Borobudur y su mar de estupas

Mucha gente accede al monumento de noche para ver amanecer desde la plataforma superior. Esto supone un desembolso extra y, si estás en Yogyakarta, levantarse a eso de las dos de la madrugada. Nuestra experiencia personal, después de haber realizado la visita al amanecer, es que no lo recomendaríamos a no ser que vayáis sobrados de dinero o realmente os haga ilusión contemplar como el sol se alza desde un lugar tan simbólico. Como ocurre habitualmente en Indonesia, el aforo máximo de un monumento es un concepto inexistente, y al final, el amanecer de película que habías recreado en tu imaginación, disfrutando de la postal en humilde silencio, acaba siendo una feria con más de 300 personas pululando alrededor tuyo. Desde nuestra humilde opinión, hay amaneceres mucho mejores en el sudeste asiático, mucho menos concurridos y caros, e igualmente memorables.

Los peregrinos de la romeria del santisimo buda de Borobudur subiendo a contemplar el amanecer.

Lo que no podemos dejar de recomendar encarecidamente es que os acerquéis a Borobodur, pero evitando a toda costa las horas centrales del día para hacerlo. Por lo que pudimos observar, la mayoría de los visitantes que asisten al amanecer abandonan el templo muy poco después. Entre esa primera ola y la siguiente, que suele ser la de los turoperadores y buses turísticos, hay una ventana de un par de horas en la que el templo se queda vacío. Nosotros pudimos recorrer el templo a nuestro antojo prácticamente solos, y justo cuando lo abandonábamos empezamos a ver en nuestro camino de vuelta como los autobuses aparcados en las puertas de acceso comenzaban a vomitar personal. Teniendo en cuenta que Borobudur abre oficialmente a las 6 de la mañana, nuestro consejo es que estés en la puerta a la hora de apertura. Evitarás hordas y calor asfixiante. Eso supone claro, que vas a tener que madrugar o dormir en las cercanías de Borobudur, pero creenos, merecerá totalmente la pena.

 

Pasear a primera hora de la mañana por Borobudur permite estampas como esta.

 

Si es posible, también te aconsejamos que evites los fines de semana. Bueno, en general recomendamos evitar los fines de semana para acceder a cualquier cosa que sea popular y visitable en Java. No olvidemos que es la isla con mayor densidad del mundo y a los locales, que cada vez tienen mayor solvencia económica y tiempo libre, les encanta viajar e ir de excursión por su país.

 

VIDA ARTÍSTICA Y UNIVERSITARIA

La forma de vestir de los jóvenes aquí, moderna y desenfadada, advierte no estás en la tìpica ciudad indonesia de provincias. Si consigues entablar conversación con ellos (lo que en general no suele ser muy difícil), verás que la mayoría proceden de otras ciudades de Java e Indonesia. Son universitarios que le dan un extra de alegría y espontaneidad a la ciudad. Los verás instalados en la incontable sucesión de cafeterías, warungs y puestos de comida callejeros por las calles que se extienden al norte de Malioboro Street, al otro lado de las vías del tren.

Además de la universidad, que aporta un plus de diversidad cultural importante, Yogyakarta es también una de las cunas del arte tradicional y artesanía de Indonesia. Talleres de batik, de cometas, de marionetas de papel, de platería. Escuelas de danza tradicional Javanesa, de teatro de sombras, de música Gamelan, salpican las calles de la ciudad. La mayoría de estos talleres se reparten por el centro de la ciudad, pero para comprar y visitar los talleres de platería hay que acercarse a Kotagede, un barrio de callejuelas que fue la antigua capital del sultanato de Mataram. Está a unos 20 minutos en ojek o taxi. Alrededor de su calle principal, Jalan Kemasan, encontrarás multitud de talleres y tiendas de plata y joyas que venden sus propias reproducciones. Incluso si no compras nada, el paseo merece la pena. Pueden visitarse las ruinas del cementerio real y el palacion del sultanato de Mataram. El entramado de callejuelas del kampung de Kotagede invita a pasear sin rumbo y disfrutar de la arquitectura civil tradicional de sus casas y manzanas comunitarias.

 

Paseando por Kotagete

 

MONTE DE FUEGO

Subir a las faldas del monte Merapi es otra de las visitas casi obligadas. Merapi significa, literalmente, montaña de fuego y es el volcán más activo de toda Indonesia, con algo más de 400 erupciones repartidas de forma regular en los últimos 500 años. Las más recientes fueron en 2006 y 2010. La erupción de 2010 fue especialmente violenta. Se evacuaron a más de 350.000 personas, algunas villas quedaron destruidas y hubo 353 muertos. A partir de esta fecha se designó un área de seguridad y varios asentamientos tuvieron que ser abandonados para siempre. A esta zona, que se encuentra por encima de los 1700 metros de altura, sólo se puede subir durante el día (para turismo, agricultura, ganadería o extracción de arenas y minerales) pero no se puede pernoctar.

Es llamativo pasear por los alrededores del volcán y ver cómo la gente hace su vida con la silueta inquietante del Merapi encima de sus cabezas. El fotógrafo español afincado en Singapur Isidro Ramirez, ha creado un proyecto fotográfico muy interesante donde retrata muy acertadamente este microcosmos y la vinculación del volcán con el paisaje y sus habitantes. No es casualidad que el Merapi sea considerado un dios creador y destructor por muchos locales. Supone un modo de vida e ingresos para muchos (turismo, minería, tierras fértiles de cultivos), pero también una amenaza constante.

Es casi inevitable no caer en la turistada al visitar el Merapi, porque el acceso es complicado de forma independiente y los tour organizados que parten de la ladera sur incluyen un paseo en 4×4. Hacer el cafre por las ramblas y coladas del volcán está garantizado. En la ladera Norte comienzan los tours que suben hasta la cumbre del volcán, cuyo acceso está sujeto a la actividad temporal del Merapi. A pesar del momento rally random, ser testigos de la evolución del paisaje que rodea al volcán y como los locales han aprendido a convivir con esta dinámica es toda una experiencia.

 

Vamos con el lava tour!

 

Lo mejor es empezar por el museo del volcán, situado en la falda sur, desde donde se puede ver la cumbre en los días despejados. Es un museo sencillo, sin pretensiones, que pretende educar e informar desde un punto de vista clásico, con maquetas, dioramas y algunas galerías interactivas. Se nota que está especialmente orientado para niños y estudiantes, pero los adultos también lo disfrutaran mucho.  Pueden verse explicaciones muy detalladas de las últimas erupciones (2006 y 2010), así como de los esfuerzos de monitoreo y planes de evacuación que las autoridades han desplegado desde finales de los noventa.

 

Diorama en el museo del volcan Merapi. Fotografia de Isidro Ramirez http://isidroramirez.com/

 

A partir de ahí, tú decides. Contratar un lava tour en un jeep 4×4 es quizá lo más cómodo. El tour nos costó 400.000 IDR (unos 25 euros) e incluye un paseo por las coladas del volcán, visita a dos aldeas arrasadas en la erupción del 2010, y acceso a un par de miradores. Lo más interesente quizá sea la visita a las aldeas. Puedes ver el estado en que quedaron las casas y los enseres. Se ven utensilios metálicos fundidos, motos y coches achicharrados, relojes parados en el momento en que la lava alcanzó los asentamientos. Da una imagen muy clara de la fuerza y la violencia telúrica del Merapi. Creo que si volviera con tiempo no lo repetiría e intentaría ir por libre, pero es cierto que si solo vas de excursión de un día, el tour merece la pena.

 

Mirador al lado de canteras de arena volcánica. Al fondo se adivina la silueta del Merapi

 

LA COSTA BRAVA JAVANESA

Esta quizá sea la parte menos visitada por los turistas internacionales que vienen a Yogyakarta. Al sur de la ciudad se extienden cientos de kilómetros de costa en la que se suceden acantilados y bahías que albergan algunas playas y calitas escondidas. No esperes la típica playa de postal con arena blanca y cocoteros. Aquí prima lo salvaje, las costas son más parecidas a las del norte de España que a las del caribe. Pero eso precisamente aporta un encanto extra, puesto que no deja de ser un paisaje tropical, pero con la belleza indómita del mar de zonas mas septrentionales. Aun así, puedes encontrar auténticas joyas escondidas, que dejaran satisfechas tus ansias de tropicalismo playero.

Las playas mas concurridas y conocidas son las más cercanas a Yogyakarta, Pantai Depok y Pantai Parangtritis. Entornos muy relajados con puestecitos de comida a pie de playa donde degustar pescado fresco a la parrilla o mejillones al vapor. Al este de Parangtritis es donde uno puede encontrar las mejores playas. Hay una variedad enorme donde elegir: Pantai Ngeden, Pantai Wohkudu, Pantai Gesing, Pantai Nguyahan, Pantai Baron, Pantai Kukup, Pantai Sepajang, Pantai Drini, Pantrai Sundak, Indrayanti o Pok Tunggal.

 

Las playas mas cercanas a Yogyakarta suelen estar ocupadas por locales. Aun asi la densidad suele ser bastante baja, esto no es Benidorm! En la foto playa de Indrayanti

 

De las que nosotros visitamos (Drini, Indrayanti y Pok Tunggal) nos quedamos sin duda con Drini y las calas de alrededor. Es una playa dividida en dos con un islote justo en el medio, pulau Drini, que se puede visitar con marea baja. El panorama, con la isla recortada en medio de las dos playas, es magnífico. La playa del oeste da a una pequeña aldea de pescadores, con barcas en la arena y  algunos puestos de comidas alrededor.

 

Pantai Drini

 

Panorama de Pantai Drini desde Pulau Drini. A la izquierda se observan las calas de las que hablamos a continuacion.

 

Conforme te alejas andando hacia el este dejas la zona mas concurrida, hay un par de calitas protegidas de las corrientes donde podrás bañarte a gusto y hacer esnorkel. Se puede llegar a estas calitas bordeando la orilla si hay marea baja, o cogiendo las veredas que te mostramos en la siguiente captura.

Acceso a las calas desde Pantai Drini (líneas rojas). Las calas estan señaladas con una estrella roja. El acceso a la cala más cercana, la mejor de las dos en nuestra opinion, puede hacerse por la orilla si hay marea baja.

 

Pantai Watu Bolong

 

Un poco más alejada de este conjunto de playas se encuentra Pantai Wediombo. Fue una recomendación de una amiga indonesia y la verdad que aunque se tardan unas dos horas en llegar desde Yogyakarta, es una de las mejores playas a las que puedes ir si te encuentras por la zona. El mismo camino es ya de por si una delicia. Al ser un terreno kárstico se nota la aridez comparada con la zona alrededor de Yogyakarta. En algún momento parece uno estar más cerca del sahel que del trópico. Pequeñas aldeas de agricultores, campos de cacahuetes, cassava, acacias y palmeras abrasadas por el sol.

Wediombo es en realidad una bahía a cuyo amparo se asientan una serie de playas de arena blanca que se alternan con rocas y acantilados. Para llegar hay que bajar un acantilado desde donde las vistas son impresionantes. El lugar es muy famoso por la pesca deportiva desde las rocas, donde se pueden capturar tiburones, meros y panjos, un tipo de barracuda muy apreciada por los locales.

 

Pantai Wediombo

 

La playa es una delicia, llena de locales los fines de semana, estarás prácticamente solo si vas entre semana. Hay piscinas naturales de roca, extensos arenales rodeado de árboles con sombra, agua que invita al baño contemplativo durante horas.

 

Como podéis ver, la región de Yogyakarta está lleno de atractivos de todo tipo. Espero que esta entrada os anime a visitarla y que no dudeis en dedicarle al menos cuatro o cinco días. No os arrepentiréis!

Saludos Flamencos!

Texto: Miguel A. Calero

Fotos: Miguel A. Calero y Lucia Manresa

 

BOLA EXTRA: ALGUNAS FOTOS QUE SE NOS QUEDARON EN EL TINTERO

 

Amanece en Borobudur

 

Buda en Borobudur

 

Prambaran

 

Malioboro Street al anochecer

 

Mercado central Yogyakarta

 

Transporte

 

Pantai Drini

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