Carisma se escribe con K. Recorriendo la costa norte de Sabah

Sabah se vende como el parque temático de Borneo, y ciertamente los turoperadores que utilizan esta estrategia publicitaria no andan desencaminados. Es difícil encontrar otro lugar en el sudeste asiático que condense tanta diversidad paisajística, natural y cultural en tan poco espacio, y que al mismo tiempo posea las infraestructuras necesarias para que el viajero pueda moverse por su territorio con relativa facilidad y costo.

Sabah sabe muy bien que el turismo es una fuente de ingresos cada vez más importante para su economía. A pesar de que la minería, el cultivo de palma aceitera y la industria maderera son sus principales motores económicos, en los últimos años, espoleada por la ingente biodiversidad de sus aguas y sus selvas, se ha convertido en la meca del ecoturismo en Borneo. Bucear con tiburones martillo y tortugas marinas, escalar el pico más alto del sudeste asiático, quedarse boquiabierto delante de una flora tropical alpina única, contemplar orangutanes, elefantes, monos narigudos, o perderse entre alguna de las junglas más antiguas y mejor conservadas de todo el planeta. Y todo esto en un territorio de la extensión aproximada de Irlanda.

Orangutanes. Sabah, Malasia.

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Un poco de historia

La historia de Sabah ha estado ligada a la de su vecino Brunei (un sultanato independiente venido a menos, pero que gracias al petróleo ha conseguido mantener su status y una calidad de vida superior a la de sus vecinos), y a la cercanía de ésta con Filipinas.

Su antiquísima relación comercial y diplomática con el imperio Chino también ha modelado su cultura y población, y esto se observa principalmente en las zonas urbanas del territorio, como en Kota Kinabalu, donde una gran parte de sus habitantes son de etnia china (20%). Diversos textos registran relaciones comerciales entre los reinos primitivos de Sabah, de origen hindú, y el imperio chino desde el siglo VII. Con el paso de los años estas relaciones fueron haciéndose más comunes e intensas hasta el punto de que alrededor del siglo XIV, el reino de Brunei acabaría cediendo parte su soberanía a la dinastía China Ming a través del pago de un tributo anual.

Esto permitiría la aparición de un asentamiento chino en la desembocadura del rio Kinabatang, con un gobernador elegido por el mismísimo emperador chino. 1368 marca el inicio del sultanato de Brunei, con su primer sultán musulmán Muhammad Shah, que se esposa con una hermana del gobernador del asentamiento chino en el rio Kinabatang, sellando así las relaciones entre el sultanato de Brunei y el imperio Chino durante los próximos siglos. Los comerciantes chinos venían a estas tierras principalmente para obtener productos exóticos como perlas, ratán, alcanfor, madera, aletas de tiburón o nidos de golondrinas (para sus famosas sopas de nido de golondrinas, cuyo ingrediente principal procede de la saliva con la que construyen sus nidos algunas especies de vencejos muy comunes en Borneo).

El sultanato de Brunei fue expandiendo sus fronteras paulatinamente, extendiendo su influencia por todo Borneo y Filipinas, llegando incluso a controlar la actual Manila (conocida entonces como Kota Selurong), que rendía vasallaje al sultanato hasta la llegada de los españoles hacia la mitad del Siglo XVI.

La llegada de las potencias colonizadores europeas, con España a la cabeza, comenzó a configurar la historia de este territorio. En 1578 los españoles, preocupados por el avance del islam en Filipinas, declararon la guerra al sultanato de Brunei, lo que se conoce como la Guerra de Castilla. Los españoles llegaron a conquistar la capital Bruneana en Borneo (Kota Batu), aliándose con rivales locales del sultán. Aunque no duraron mucho: debido al asedio del enemigo y a enfermedades como el cólera y la disentería, el contingente español decidió abandonar la ciudad 72 días después de su conquista.

Diversas guerras civiles, la piratería de sus costas ejercidas por los habitantes del mar de Sulu (entre Borneo y Filipinas), así como la mencionada llegada de las potencias coloniales europeas, comenzaron a debilitar el poder del sultanato de Brunei. En el siglo XVI, las costas de Sabah estaban dominadas por el sultanato de Brunei al oeste y el Sultanato de Sula, al este, escindido del anterior en 1578. El interior de Sabah se mantenía ajeno a todas estas idas y venidas comerciales y geopolíticas, habitado por tribus indígenas. El sultanato de Sula y el reino de España mantuvieron una confrontación casi continúa durante tres siglos. Esta confrontación entre católicos y musulmanes, ha permanecido hasta nuestros días, con diversas facciones islámicas violentas que pugnan por independizarse de Filipinas, asentadas en la isla de Mindanao y el mar de Sulu.

El sultanato de Brunei por otra parte permitiría a partir de 1773 el establecimiento de un puesto comercial Británico. Esto daría inicio al asentamiento del imperio Británico, que iría ganando poder en la zona durante ese siglo y el siguiente, comprando al sultán de Brunei derechos de explotación y comercio de diversos territorios. Esta expansión y colonización gradual culminaría con la firma de Los protocolos de Madrid (1885), donde los imperios Británico, Alemán y Español decidieron repartirse la región, quedando el archipiélago de Sulu en manos de los españoles, y cediendo la soberanía del noroeste de Borneo a los ingleses. En 1888, North Borneo se incorporaba como un protectorado del imperio británico. Esta demarcación sería el germen del Sabah actual. Exceptuando la ocupación de los japoneses durante la segunda guerra mundial, entre 1942 y 1945, Sabah se mantuvo bajo dominio británico hasta el año 1963 en que se uniría a la Federación de estados Malayos.


Costa de Kudat, Sabah

Nuestro recorrido

Como ya hemos indicado, la lista de actividades y destinos dentro de Sabah es realmente espectacular. Nosotros nos detendremos tan sólo en aquellas que realizamos en un viaje de 4 días durante el año nuevo chino del 2015. Pero hay mucho más que merece la pena explorar, como el Parque Nacional marítimo de Tunku Abdul Raman, el área de conservación de la cuenca del Maliau, la Reserva Forestal de Danum, el río Kinabatang, o el paraíso subacuático de Sipadan y el archipiélago de Semporna.

Dia 1

Kota Kinabalu, la capital

La actual capital de Sabah tiene una historia bastante reciente y uno se percata de ello cuando recorre sus calles y edificios. Empezó como un puerto comercial a principios del siglo XX, creado por los británicos con el nombre de Jesselton. Jesselton fue prácticamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, quedando tan sólo tres edificios en pie. Así pues, la configuración urbanística de Kota Kinabalu y sus edificios no tienen más de 70 años de antigüedad. Efectivamente, da la impresión de estar en una cuadricula anodina trasladada desde el plano con total desinterés. Manzanas vulgares de cemento coloreado, sin ningún tipo de discontinuidad que alegre la monotonía modular. Sin embargo, no hay que dejarse engañar; Lo mejor de Kota Kinabalu ya estaba aquí desde hacía siglos. Sus habitantes y su herencia cultural, los verdaderos monumentos y protagonistas de este espacio.

Mercado y gastronomía

El cosmopolitismo de Sabah se respira desde el primer momento en esta ciudad. La amalgama de colores, lenguajes y olores que emanan de sus callejuelas llenas de vida te aborda y te conquista sin remedio. Un lugar imprescindible es su mercado nocturno. Filipinos, malayos, chinos, habitantes del interior se afanan en vender su mercancía. Verduras de nombres improbables, frutas exóticas, pescado fresco, especias. Anexo al mercado hay un extenseo espacio con puestos de comida callejera al aire libre, donde entre otras cosas, uno puede elegir el pescado o marisco que le apetezca a un precio imbatible, y en unos minutos se le sirve a la brasa con la salsa o condimentos de tu elección.

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Mercado de KK. Chile y especias

 

Puesto de pescado y marisco. Mercado de KK

Más allá del mercado y el entramado de recovecos que se extiende entre el paseo marítimo y la avenida Tun Razak, KK, como se la conoce localmente, no tiene mucho más que ofrecer. Pero es un punto de partida ineludible para conocer los prodigios que esperan más allá. Creemos que con una noche en KK es más que suficiente, aunque si eres un aficionado a la gastronomía mestiza panasiática, quizá te interese pasar algún día más. Alrededor del mercado y las calles que discurren paralelas a Jalan Tun Razak (como Jalan Gaya o Jalan Pantai) encontrareis una oferta gastronómica más que suficiente para saciar vuestros estómagos sin dañar vuestros bolsillos. Entre otros platillos locales que no os podéis perder, además del pescado y marisco a la brasa, se encuentran el Sheng Rou Mian (fideos fritos en manteca acompañados de sopa de pescado), Tuaran noodles (fideos amarillos de huevo con verduras y cerdo), Bah Kut Teh (sopa de costillas de cerdo) o pudding de coco.

Salir de KK y moverse por Sabah

Si no os atemoriza conducir por Asia la mejor manera de visitar la costa de Sabah es alquilando un coche. Salen muy bien de precio, el tráfico es más que aceptable (mucho más fluido que en Indonesia, Tailandia o Vietnam), y en general, las carreteras se encuentran en un más que aceptable estado. El coche te ofrece las consabidas ventajas que ya todos conocemos: facilidad de movimiento, independencia y capacidad de establecer tu rutina diaria acorde a tus necesidades viajeras. En el mismo aeropuerto de KK puedes encontrar varias compañías locales en las que conseguir un utilitario a un precio más que ventajoso.

Nuestro utilitario todoterreno!

 

Día 2

Nuestro objetivo principal ese día era pasear por los alrededores del monte Kinabalu en Sabah, observar orangutanes en un centro de recuperación cercano y ver Rafflesias, la flor más grande del mundo.

Mt Kinabalu

El monte Kinabalu es el pico más alto del sudeste asiático, con sus 4095 metros, es un cerrillo nada desdeñable. Al contrario que muchos de los picos de esta parte del mundo, no es de origen volcánico, sino que se trata de una mole de granito que se eleva majestuosa en medio de la selva tropical. Los alrededores del monte están protegidos dentro de un parque nacional, y aunque no se tenga en mente hacer cumbre en el Kinabalu, merece la pena detenerse un par de días por los alrededores, hay multitud de senderos  fácilmente accesibles. El cambio de clima, paisaje y vegetación nos dará un respiro si venimos de una buena temporada de jungla y tropicalismo.

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Vistas del Monte Kinabalu

Se puede llegar en autobús desde KK fácilmente y también desde la misma ciudad se puede contratar una excursión para ascender al monte. Nosotros lo desechamos por falta de tiempo y también de interés. Aunque es una cumbre fácil y llamativa por encontrarse en latitudes tropicales, es totalmente imposible subir por tu cuenta. Existe una sola agencia que tiene el monopolio de la ascensión, que como mínimo exige dos días, pernoctando a mitad del trayecto en unas instalaciones que, como ya podrás adivinar, también pertenecen a esta agencia, la única autorizada por el gobierno. El precio además no es precisamente barato. Hay que decir sin embargo, por lo que cuentan los que han subido, que merece la pena el desembolso. Las vistas, el amanecer en la cumbre y la parte final de la ascensión parecen algo inolvidable. Así que si eres un amante del alpinismo y la naturaleza es probable que el monte Kinabalu deba ser algo esencial en tu itinerario. Eso sí, ten en cuenta que cada día suben cientos de personas a la cumbre, y que todos siguen los mismos horarios establecidos por el monopolio gestor del recorrido. Así que olvídate de disfrutar del momento en soledad (a no ser que llegues el primero a la cumbre!).

Si prefieres mantenerte en las faldas del monte, existen multitud de alternativas que no implican el precio y la rigidez de la ascensión. En cualquier caso disfrutaras de un paisaje más propio de Suiza que de un entorno tropical y podrás patear tanto como tus piernas den de sí.

La flor más grande del mundo

En nuestro caso, decidimos dirigirnos a Ranau, un pueblo a unos 1200 metros de altura, conocido por sus aguas termales y la posibilidad de ver Rafflesias. Rafflesia es un género de plantas distribuidas por el sudeste asiático, que tiene en Borneo su mayor diversidad de especies. Se trata de individuos parásitos, lo que significa que necesitan de otras plantas para sobrevivir. Esto conlleva una serie de adaptaciones que hacen de estas especies un catálogo de características estrafalarias difícil de igualar en el mundo vegetal. No poseen clorofila, ni tallos, ni hojas ni raíces reales, solo un órgano especial, que introducen en las raíces de sus plantas huésped para alimentarse a costa de ellas. Es digamos, un vampiro vegano. Lo único visible de esta planta son sus flores, de 5 pétalos y color rojo sanguíneo a anaranjado, adornado con lunares blancos. Las flores pueden llegar a medir 100 cm de diámetro y pesar más de 10 kg y tardan de 6 a 9 meses en florecer. Cuando lo hacen, emiten un olor nauseabundo que atrae a sus polinizadores, moscas que ponen sus huevos en restos animales y que confunden a la flor con un cadáver en descomposición.

Rafflesias en flor

Las flores duran entre 24 y 48 horas, con lo que podemos imaginar que no es fácil toparse con uno de estos gigantes de la naturaleza paseando por la jungla al azar. Sin embargo, los vecinos de  Ranau han descubierto que las flores son un negocio interesante y continuamente patrullan los bosques y terrenos de los alrededores en busca de retoños en crecimiento. Algunos han conseguido incluso reproducirlas en terrenos de su propiedad y las enseñan orgullosos, previo pago de una pequeña donación. Nosotros decidimos parar al lado de una familia que anunciaba en un primoroso cartel hecho a mano la existencia de algunas flores recién abiertas en las inmediaciones de su casa y la verdad que no pudimos terminar más satisfechos. Vimos varias en flor, de un tamaño gigantesco y una belleza irresistible. La parte bióloga de esta pareja por fin pudo ver cumplido uno de los sueños de su infancia, cuando pasaba las noches en vela, fantaseando alrededor de las páginas resobadas de un libro de records mundiales de la naturaleza.

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Orangutanes

Esa misma mañana además habíamos visitado un pequeño centro de rehabilitación de orangutanes cerca de la localidad costera de Tuaran. El centro es el resultado de un acuerdo entre el gobierno de Sabah y la compañía hotelera Shangri la, que posee un resort en las inmediaciones y ha permitido que se construyan las infraestructuras necesarias para mantener a los animales dentro de sus instalaciones. Una labor encomiable por parte del hotel que por desgracia parece haber llegado a su fin, puesto que las ultimas noticias que nos llegaron es que los orangutanes habían sido trasladados recientemente a otro centro de recuperación más grande, a la espera de que llegue su edad adulta y puedan ser liberados a la naturaleza. Por lo que parece, la colaboración entre ambas instituciones ha cesado.

Los orangutanes viven dentro de una reserva gigantesca de varias hectáreas que ocupa una loma cercana al resort. No parece que haya muchos visitantes que no sean clientes. Incluso los cuidadores de la reserva se sorprenden de que vengamos desde KK tan solo a ver los animales. Las visitas solo se permiten por la mañana y por la tarde a unas horas muy concretas. Todo transcurre muy rápido y en tromba, rodeados de clientes haciendo fotos. Hay una plataforma donde se les deja fruta y vegetales, y al cabo de un rato llegan los simios a alimentarse y hacer de las suyas.

En el momento de la visita había cuatro huérfanos de entre 4 y 7 años de edad que habían perdido a sus madres en una de las muchas quemas de bosques que se hacen en Borneo. Estas quemas incontroladas, destruyen la selva y secan el suelo, lo que permite sembrar palma de aceite o mimosa para pasta de papel. Esta y no la obtención de madera, como ocurría hace 30 años, es la principal amenaza para la mega fauna de Borneo y Sumatra en estos momentos, y si no se hace algo para evitarlo es muy posible que la impresionante selva y biodiversidad de estas islas desaparezca en menos de 30 años. Desde 1985, más del 55% de la cobertura forestal original de Borneo ha desaparecido o ha sido sustituida por palma de aceite. Indonesia es el país del mundo con la mayor tasa de deforestación y paradójicamente junto con Brasil y el Congo, es el país que mayor biodiversidad alberga de todo el planeta.

Los orangutanes zampan como cosacos completamente ajenos al desastre que se está gestando en sus hogares. Entablamos conversación con el cuidador que nos acompaña, mientras la gente se arremolina en torno a un mirador que da directamente a la plataforma de alimentación. Preferimos que nos cuente algo de su rutina diaria y acercarnos a los orangutanes cuando las huestes instagrameras se hayan retirado. Se conoce que al hombre le caemos simpático porque nos invita a permanecer con él cuando los clientes del resort se han marchado. Tiene que   “darle una bebida vitaminada a los orangutanes, y asi los podremos ver más de cerca”. Tan solo tiene que apretar su botella de plástico llena de algo parecido a leche color ocre, y dos orangutanes, haciéndose travesuras entre ellos todo el rato, se aproximan sin miedo.

Dudo que jamás volvamos a estar tan cerca de un orangután en nuestra vida, ni creo que tampoco lo necesitemos. El cuidador nos explica que es una leche especial con algo de medicamento y vitaminas para evitar malnutrición e infecciones. Nos cuenta que todavía tienen que pasar algunos años hasta que los puedan liberar. Tienen que enseñarles a buscarse la vida por su cuenta en la selva, donde no hay  suministro de comida ad libitum. Sustituir el aprendizaje exhaustivo al que sus madres les someten durante los primeros 10-12 años de vida.

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Los orangutanes no paran de jugar, son como niños. Son niños de hecho. Con una curiosidad insaciable, hurgan en el interior de nuestra mochila abierta, agarran la cámara de fotos, manosean el móvil, lo lamen, intentan llevárselo a la boca. Nos tocan, nos observan. Uno de ellos me echa un brazo por encima del hombro. Es imposible no sentir la afinidad, resistirse a hacer comparaciones, demasiado antropocéntricas quizás. No es sólo que estemos enfrente de uno de nuestros primos más cercanos, sino que la empatía, la sensación de compartir el espacio y el tiempo que nos ha tocado vivir con ellos, inunda este momento. Nos miramos y algo parece trascender, más allá de la aparente incomunicación, más allá de los millones de años que nos separan de nuestros ancestros comunes. Una emoción que rompe a oleadas, atávica, hundida en el cieno de los tiempos, difícil de identificar con claridad.

 

 

Días 3 y 4

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La costa de Kudat

El punto más noroccidental de Borneo alberga un paisaje que quita el aliento. Poblado mayoritariamente por los Rungus, el grupo étnico local, hasta hace relativamente poco no había comenzado a entrar en el punto de mira viajero. Aunque méritos no le faltan: playas desiertas de aguas transparentes, jungla y aldeas remotas, que dan la sensación de estar en un lugar donde el desarrollo turístico masivo aún no ha colocado sus garras. Aparte del Tip of Borneo y la playa adyacente, que suele ser frecuentada por los locales, el resto de la zona se mantiene casi intacta. El alojamiento más recomendable es Tampat do Aman, regentado por un inglés y su esposa rungus, ambos implicados en multitud de proyectos sociales y medioambientales con la población local. Howard es simpatiquísimo y se conoce la zona como la palma de su mano. Así que lo mejor es dejarse llevar por sus recomendaciones. Hay varias playas que merecen la pena, y como la presión turística todavía es muy baja, podréis disfrutar en completa soledad de ellas, o a lo sumo con la presencia de algún local curioso.

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Llegar a Kudat y moverse por la zona es un poco complicado. Desde Kota Kinabalu a Kudat se puede ir en bus o taxi compartido, aunque como ya hemos dicho es más recomendable alquilar un coche, ya que el transporte público por la zona es escaso e irregular.

El Tip of Borneo completa esta visita. Es otro de esos lugares que atrae más por su simbología que por su belleza real. El punto más al norte de la tercera isla más grande del mundo y la primera de Asia. Una placa y una escultura de dudoso gusto a la entrada de un aparcamiento así lo atestiguan. El típico sitio con el que los viajeros con ínfulas de explorador pero alma de oficinista fantaseamos de cuando en cuando. Más allá, un acantilado de roca amarillenta parte en dos la corriente marina, que responde golpeando con violencia el promontorio. Viento que salpica en los ojos, casi podríamos estar en la Costa da Morte Gallega si no fuera por el calor húmedo que nunca te abandona en estas latitudes. Al fondo Filipinas, y un océano tan azul que acobarda la mirada.

Sentados observamos el devenir hipnótico de las olas. Se despliegan lamiendo las rocas, mansamente unas, inquietas y ciegas de ira las otras. Sentados disfrutamos del horizonte, de la vasta e incorruptible inmensidad.

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Atardece en Kudat

Saludos Flamencos!

Texto: Miguel A. Calero

Fotografías: Miguel A. Calero & Lucia Manresa

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