Cultura de hawker, para todos los gustos

Simpáticos dueños de un puesto de comida en Ayer Rajah food centre, West Coast.

 

Si España es el país de los bares y tascas, Singapur es el de los puestos de comida y restaurantes. Allá donde tu vista alcance, ya sea por la avenida más moderna y elegante del centro, a través del pasadizo de cualquier estación de metro o bajo los soportales de un barrio residencial periférico, uno no hace sino tropezarse con sitios llenos de gente comiendo. A todas horas. Para cualquier español que respeta los horarios de comidas (tardíos sí, pero se cumplen a rajatabla), lo de aquí es un loop culinario infinito que te deja estupefacto: a cualquier hora del día puedes encontrar gente zampándose un plato de arroz con pollo a dos carrillos, o un roti prata (panqueque indio servido con curry) o un bol de tallarines con albóndigas de pescado. Y así hasta la madrugada. Hace tiempo un amigo local comentaba que él comía cuando tenía hambre y que le importaba poco la hora que fuera. Los singapurenses son gente práctica y funcional en casi todos los aspectos.

Seguir Leyendo en: Singapur, para chuparse los dedos, mi primera colaboración para El Viajero

Miguel

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