Langkawi: goce turístico para todos los públicos

Hay rincones de Langkawi que podrían ser el Torremolinos de 1977. Mientras paseas por las calles que dan la espalda a Pantai Cenang uno se siente transportado a la Costa del Sol: cientos de anglos, rusos y alemanes pasados de vueltas exhiben sus tatuajes patibularios y sus pendientes en la oreja derecha con total impunidad. Su piel rojiza crepita, redonda y tensa como la piel de un tambor. Sólo el deambular de jovencitas con el cabello oculto bajo el Selendang, los puestos de Nasi Campur e Ikan Goreng y los cientos de ojos rasgados haciéndose selfies a cada paso lo sacan a uno de la ensoñación. La última moda peterpanesca venida de Corea es que las parejas vistan con la misma ropa. Con la misma ropa. Buscad en Google si no me creéis. Dos arlequines en la playa de Tanjung Rhu buscan el encuadre perfecto durante más de media hora mientras una pareja de milanos peinan el aire debajo de sus jerseicitos alométricos. Me pregunto si la ropa interior irá también a juego. O a lo mejor se la intercambian. Vaya usted a saber, que los orientales son muy dados a este tipo de perversiones íntimas.

Área libre de impuestos, alcohol a un flujo razonablemente abundante para ser un país musulmán y unas magníficas infraestructuras han hecho de Langkawi uno de los destinos preferentes en esta parte del mundo. No sólo los turistas internacionales, también los propios malayos disfrutan de este cóctel con aroma de aldea (Kampung) tradicional y sofisticación oriental copiada de sus vecinos Tais. No tiene las mejores playas de la zona (el sur de Tailandia o la costa este de Malasia le superan en cantidad y calidad), pero unos atractivos precios y una amplia oferta de actividades atraen cada año a más viajeros.

Los locales saben que gran parte del encanto de esta isla reside en la capacidad de contentar a casi todos los públicos: desde el mochilero australiano que busca relax y experiencias tropicales a un precio módico, pasando por parejas cataríes o malayas de luna de miel, familias de alemanes fibrosos amantes de la naturaleza o singapurenses ávidos por compartir en instragram un atardecer de ensueño en el último resort de moda. Por eso la compartimentación es el “modus operandi” de Langkawi y la clave de su éxito. El grueso del turismo y las tiendas libres de impuestos se concentran en torno a las playas de Cenang y Tengah al oeste, y en la principal urbe, Kuah, al sur. Unos cuantos resorts exclusivos de lujo se ubican al norte y el resto de la isla parece completamente ajena al ajetreo de sus costas. Montes y laderas cubiertas de bosques se alternan con extensos campos de cultivos y arrozales. Los búfalos pastan a sus anchas y la gente hace su vida como si el turismo jamás les hubiera afectado. Sólo algunos detalles, como un garaje lleno de motos de agua esperando a ser utilizadas en la playa más cercana, un malayo local con pelo largo y guitarra, viajando en moto y desnudo de cintura para arriba pensando en como se camelará a la próxima blanquita, o casas de huéspedes “kampung-vintage” para aquellos que buscan una experiencia más auténtica, rompen la serenidad de las zonas rurales.

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Los anglos panzudos no tienen porque mezclarse con los mochileros. Pero pueden hacerlo si les apetece, porque Langkawi te permite aislarte y luego pasar de pantalla sin despeinarte. Comido de sanguijuelas por la mañana en medio de la selva, haciendo snorkel en una playa de ensueño a mediodía, masaje balinés para hacer la digestión, coronando la noche con una auténtica pizza en horno de leña que haría enrojecer de vergüenza a mas de una “vera trattoria italiana” de Europa. El atardecer en Pantai Cenang se transforma en un mósaico cambiante e hipnótico, mujeres en bikini y otras que se adivinan en el interior de sus burkas pasean entre el chisporroteo espumoso que forman las parlanchinas familias indias. Los chiringuitos rebosan de gente de medio mundo con ganas de mezclarse y relajarse en un entorno adaptado a su disfrute y comodidad. Langkawi, por su perfil musulmán más conservador, atrae a un tipo de turismo que no verás en Tailandia o Bali. El inabarcable rango de tipos, atuendos y acentos saciará al observador de lo cotidiano más exigente, lo aseguramos.

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Lo más recomendable para conocer los encantos de la isla es alquilarse un coche o una moto. Por menos de 5 euros al día uno puede agenciarse una scooter con la que sentirse el rey de la pista. Las carreteras, aunque estrechas, están en muy buen estado y el tráfico, excepto en las zonas más turísticas y en hora punta, es fluido y en muchos casos, casi inexistente. En dos jornadas se puede realizar un recorrido completo, cubriendo el sur en un día y el norte en otro. Algunas de las playas de Langkawi son privadas, por lo que el acceso esta restringido a los clientes de los resorts que las gestionan. Otras directamente han sido fagocitadas por los hoteles cercanos de forma alegal, como la playa en torno al Sheraton Resort, cerca de Pantai Kok. Para salir de dudas, nosotros hemos utilizado esta excelente página de un autor indio que un día visitó Langkawi y quedó tan prendado que ha pergeñado el que posiblemente es el mejor medio de información para aquellos viajeros independientes que quieran visitar esta isla. Playas, alojamientos, vida nocturna, tiendas, naturaleza. Poco más se podría añadir.

Pantai Tengah al atardecer

En nuestro tour playero por la isla destacaríamos tres zonas. Por un lado la dupla Pantai Cenang – Pantai Tengah, donde está la madre del cordero de Langkawi. Todo se cuece aquí: hoteles y resorts de dudoso gusto, chiringuitos, restaurantes de comida local o internacional, deportes acuáticos, puestos de zumos y frutas tropicales, tiendas de souvenir baratos y otras de artesanía más elaborada. Y por supuesto supermercados libres de impuestos a precio “amigo”, donde satisfacer el ansia y el bolsillo de aquellos que vivimos en países donde el alcohol, el tabaco o el chocolate son prohibitivos o directamente inabordables. Complementan la oferta otros productos como ropa, material deportivo y complementos, pero como no se pueden comer, beber o inhalar fueron mayormente sobreseidos por el autor de estas líneas. Aunque haberlos haylos. De nuevo os remitimos a la página de nuestro amigo Raj.

Sorprendentemente estas playas, a pesar de la muchedumbre y el apelotonamiento en las horas punta, están muy bien conservadas y son de una belleza natural más que decente. Son playas urbanas, que nadie se lleve a engaño, pero el hecho de tener varias islas decorando el horizonte marino (una de ellas incluso se puede visitar en bajamar), y de que todo el entorno mantenga un nivel de limpieza alto, las hacen especialmente atractivas. Si uno se deja llevar por un largo paseo junto a la arena hasta la parte final de Pantai Tengah, dónde sólo un par de resorts y un puesto de motos de agua rompen la línea natural de la costa, podrá sentirse transportado a un lugar totalmente distinto del que partió una hora antes.

Pantai Cenang

Al norte se encuentran varias de las mejores playas de la isla. Al noreste, flanqueado por un resort de lujo y unos manglares excelentemente conservados se encuentra Tanjung Rhu. Esta posiblemente sea la única que podría hacerle sombra a las playas de Perhentian o Krabi. Arena blanca, agua turquesa y un entorno de ensueño, rodeado de islotes rocosos coronados de vegetación. Hay empresas que organizan tours por los manglares, donde en un espéctaculo un poco bochornoso dan de comer pescado a las aguilas que sobrevuelan la costa, como si fuera mascotas o exhibiciones de un zoo. Si se quiere tener una idea del paisaje circundante, lo mejor es seguir la línea de costa hacia la derecha (dirección contraria a donde está emplazado el resort) y andar hasta donde el tiempo o las ganas te lleven.

Tanjung Rhu

Las águilas se publicitan muchísimo en Langkawi, no en vano son el símbolo y el animal que da nombre a la Isla (Lang = águila en malayo, kawi = mármol en sánscrito). En realidad este animal no se trata de un águila, sino de un milano, concretamente del milano brahmán Haliastur indus, cuyas alas de color pardo-rojizo asemejan al tono del mármol local que se usa habitualmente para decorar cerámica. Se distribuye por todo el subcontinente indio y hacia el sur del indo-pacífico, llegando tan lejos como Australia. Su celebridad no acaba aquí y en la mitología hindú se identifica a esta rapaz con Garuda, la montura sagrada de Vishnu.

Hacia el oeste una carretera muy agradable bordea una ensenada y se dirige hacia Teluk Datai, una playa privada de uso exclusivo para los clientes del resort del mismo nombre. Sin embargo unos kilómetros antes se sitúa Pantai Pasir Tengkorak (literalmente playa de las calaveras), un trocito de cielo en medio de la nada. Se pueden incluso pernoctar en ella, y no encontrarás más que a unos cuantos locales. Es fácil pasarla por alto, aunque se ve desde la carretera. Aquí podéis consultar las coordenadas si viajais con GPS. Entre estas dos playas merece la pena detenerse en la cascada de Temurun, a menos de diez minutos caminando. Es la más alta de la isla y suele estar llena de chavalillos locales dándose un chapuzón. Aunque el terreno natural donde se asienta está bastante transformado (el camino parece un paseo marítimo cualquiera del mediterráneo español, con sus farolas achaparradas y bancos de cemento coloreado cada veinte metros, esperando a ser ocupados por jubilados desfondados), la imagen es bastante refrescante, y si uno va con ganas de remojarse los pinreles, es el sitio perfecto.

Cascada de Temurun

Los espacios naturales son otro de los puntos fuertes de Langkawi. A muchos turistas el concepto “espacio natural” les viene algo grande, y cualquier cosa que esté asentada en un terreno no alquitranado con algún ramajo (vivo y no de plástico a ser posible) que adecente el aire a respirar, ya les parece el summum de la exhuberancia desbocada. Así pues que no os extrañe si mucha gente os recomienda como visita campestre obligada el funicular y el famoso puente colgante que se evagina bruscamente desde la ladera del monte Machichang, el segundo más alto de la isla. Vale, las vistas serán de quitarte el hipo (al menos eso relatan los que han subido y no les ha pillado la sempiterna niebla vespertina), pero como buenos viajeros en busca de emociones algo más auténticas os recomendamos una alternativa gratis en esta zona. La subida al cercano Telaga Tujuh (Siete Pozos) te permitirá estirar las piernas y disfrutar de una vistas igualmente espectaculares. Si llegas temprano podrás disfrutar en exclusiva del panorama, en el que unas piscinas naturales suceden a otras hasta precipitarse por una cascada en el que se adivina pero no se vislumbra el fondo. Actualmente la caída está vallada; parece que algún amante de la foto perfecta se asomó demasiado al borde. Instagram y las redes sociales se cobran más vidas de las que pensamos.

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Panorámica desde Telaga Tujuh

Un refrescante baño de agua dulce en medio del salitre habitual de estas islas bien merece la ascensión. Para los más intrépidos y que saben disfrutar del típico paseo que te deja sin resuello y lleno de barro hasta las orejas, recomendamos un sendero que parte a la izquierda de la ultima poza y que va ascendiendo hasta finalmente alcanzar la cima y girar hacia la izquierda cresteando (siempre y cuando andar en medio de árboles que no te dejan ver más allá de tus narices se considere crestear), hasta desembocar en la estación del funicular que lleva al Sky Bridge. Hay que tener cierta forma, pero garantizamos una auténtica experiencia selvática, ascensión con cuerdas y rápel incluido. ¡Ah! Y también alguna sanguijuela, ¿pero que sería del frondoso sudeste asiático sin ellas? Ya las tratamos como alguien de la familia. Desde luego son infinitamente menos molestas que mosquitos o garrapatas y encima no transmiten enfermedades. Quien no se consuela es porque no quiere.

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Indiana Lu. No se aprecia bien, pero esta sección del sendero estaba jodidamente empinada

Las islas que rodean Langkawi destacan por su belleza y la posibilidad de bucear. Diversas empresas en Pantai Cengang o Kuah organizan tours que suelen incluir un baño y snorkel en alguna de las recónditas y aisladas playas que salpican esta zona. El parque marino de Pulau Payar es el foco de las excursiones de buceo. Si las condiciones de la mar son buenas y no te pilla el monzón de la costa oeste (entre julio y noviembre) podrás disfrutar de varias inmersiones de calidad. Por desgracia, la mar estaba bastante agitada en nuestra visita, así que tuvimos que desechar la idea, so pena de acabar con el sistema vestibular al borde del desahucio.

Nuestro sitio preferido del interior es Gunung Raya, el pico más alto de la isla y principal hogar del simpático Langur de Anteojos Trachypithecus obscurus, un mono que no podría ser más bonico. Acostumbrados al porte bronco y chulesco de los macacos de cola larga que pululan por Singapur, la bondad y calma que irradian nos conquistó el corazón de un simple vistazo. Además el monte Raya se caracteriza por ser un paraíso de la biodiversidad ornitológica, contabilizándose más de 100 especies de aves forestales en sus laderas, destacando calaos, drongos, palomas verdes o pájaros carpinteros.

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Langur de anteojos, no me digáis que no es para comérselo.

Gunung Raya sólo es accesible con guía o vehículo privado, no hay transporte público. La carretera atraviesa parches de vegetación en un estado de conservación excelente: bosques montanos tropicales al abrigo de las umbrías, doseles decorados con el peso asfixiante de helechos, líquenes y epifitas de tamaño descomunal. La carretera muere en un mirador desde donde, si la niebla lo permite, se puede ver todo el norte de Langkawi, así como otras islas de Tailandia. La línea de costa que separa este país de su vecina Malasia, de trazado recto e impecable, hace imposible adivinar donde comienza una nación y termina la otra. Como siempre, la pulcra homogeneidad del paisaje nos da un buen puñetazo de realidad, imponiéndose sobre la absurda lógica de las fronteras imaginadas que tanto excitan al ser humano. Para crear un enemigo necesitas un límite que lo coloque al otro lado. Aquí no hay obstáculos físicos que enarbolar en nombre de la divergencia. Así que nos los inventamos.

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Cima del Gunung Raya. Cualquiera diría que estamos en el puerto de Pajares.

Como la evolución no sabe de límites ni categorías artificiales, la misma especie de Langur de Langkawi se extiende a lo largo de la costa este e interior de la península malaya, adentrándose en Tailandia y Myanmar. Aquí es bastante común, y con una pizca de suerte y algo de paciencia es fácil sorprender a los grupos familiares alimentándose a ambos lados de la carretera. Algún jefecillo local tuvo la genial idea de poner farolas a lo largo del trayecto a la cima, para deleite de tecnofanáticos y pesadumbre de enamorados y observadores de estrellas. Pero los langures se han tomado su particular venganza, y utilizan las farolas y los cables de luz que las unen como su autopista particular con el consiguiente destrozo e inutilización de mobiliario urbano: la línea eléctrica es elevada y segura, fácil detectar quién entra y quién sale, y los conduce a lo largo de la cuneta, un espacio abierto donde futuros árboles pelean por colonizar el terreno, y de cuyas ramas y brotes jóvenes libres de tóxicos dan cuenta los monos. Los langures usan sus largas colas de timón y estabilizador, por lo que cuando descansan en las ramas colocan el rabo en posición totalmente vertical señalando al suelo. Entre eso, los anteojos blancos y la delicadeza con la que van seleccionando cada bocado del que se alimentan, dan ganas de llevarse uno a casa como si fuera Gizmo. Por desgracia, hay quien no sólo lo piensa, y en muchas partes de su distribución se halla en grave peligro de extinción. Es un animal tan adaptado a su entorno, es tal la armonía con la que se desenvuelve, que imaginárselo fuera de su hábitat, en una jaula o satisfaciendo los deseos mal encauzados del último caprichoso de turno, no sólo es éticamente reprobable si no también estéticamente horrible. La belleza de todos los Gizmos del mundo se aprecia en su esplendor cuando pueden interaccionar con el medio para el que han sido creados. Un elefante en una cacharrería es eso: Un triste y asustado animal que destroza todo a su paso.

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Familia de Langures de anteojos

No podemos terminar nuestra guía de Langkawi sin hablar de la gastronomía. Al ser un destino tan popular hay para todos los gustos, y un precio más que asequible. Para los presupuestos más ajustados hay decenas de puestos de nasi campur (arroz mezclado literalmente) con carne o vegetales, satay, noodles o curries de los más variados tipos. La oferta internacional es amplia. Nosotros destacamos cuatro sitios. Al principio de la calle que lleva a Pantai Tengah se ubica la cafetería “La Chocolatine”. El dueño es francés y tiene posiblemente los mejores croissants y cafés de la isla. Una pareja de calaos anida en una caja artificial colocada por el gobierno local, y con un poco de suerte es fácil verlos volando entre los árboles cercanos. En la misma zona podéis degustar las mejores pizzas en horno de leña que hemos probado en Asia: se trata del restaurante “Osteria” (el nombre no puede ser más claro). Unos metros antes, al lado de la intersección que lleva a la playa, se encuentra el restaurante “Estambul”, de comida turca. Kebab y kofta de cordero sabrosísimo. Por último si lo que se desea es comida oriental de calidad, recomendamos el restaurante “Putumayo”. Platos malayos, tailandeses o vietnamitas elaborados con muy buen gusto. ¡Hasta tienen chicken rice Singapurense! El pollo con papaya estaba para chuparse los dedos y de las tartaletas de gambas, unos de sus platos estrella, no dejamos ni las migas.

En fin, los que hayáis tenido el valor de llegar hasta aquí corroborareis lo que decíamos al principio de esta entrada. Langkawi tiene un espacio para cada uno. La calidez y simpatía que emanan los malayos se ha convertido en el motor de un negocio turístico que funciona sin comprometer la realidad del día a día de sus habitantes. Un lugar que merece la pena visitar también para entre otras cosas, quitarnos de la cabeza la idea del mundo musulmán que tenemos en Europa. Aparte de los horrores de ISI o Boko Haram, la dictadura de Arabia o la guerra sin fin de Afganistán, hay lugares como Malasia, donde el Islam consigue convivir con el hombre en paz, dando espacio a una visión moderada que permite libertad y sobre todo evolución, los pilares básicos para una sociedad sana y con futuro.

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Saludos Flamencos!

Miguel & Lu

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8 Respuestas a “Langkawi: goce turístico para todos los públicos

  1. Me ha encantado esta entrada!! Con ella nos acercais un poco más a los preciosos sitios que estáis conociendo. Un brazo flamencos!

  2. Muy chula la crónica como siempre. Al margen de las ganas de visitar la isla, lo que me dejado todo loco es la moda coreana de que las parejas vistan igual, y estoy seguro de que nos llegará pronto a Europa

    • Muchas gracias nene! Lo de las parejas vestidas igualicas nos dejó ojipláticos, en Singapur de momento casi no se ve, pero es una moda que parece llevar bastante tiempo asentada por tierras coreanas. un abrazo!

  3. Como siempre me ha encantado, por un momento me he trasladado ahí. Un Beso!!!!

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