Iba yo a hablar de…

Esta entrada iba a ser una crónica del viaje que hice en noviembre del año pasado por la Malasia peninsular, pero es lo que tiene cualquier proceso creativo: uno comienza a repasar notas, escudriña en su memoria, y cuando menos lo esperas los recuerdos toman el mando. Acabas siendo un mero canal de emisión, un cómplice sumiso de lo que tu mente quiera novelar. En fin, que para variar, he acabado yéndome por Peteneras. Un vicio particular más al que casi siempre sucumbo.

“Quién te puso Petenera,
No te supo poner nombre,
Que debió haberte puesto,
La perdición de los hombres.”
Popular

No sé muy bien adonde me llevará esto. Por lo menos espero hablar de algo remotamente relacionado con viajar.  Trayectos, paisajes, caminos trazados. No será dificil, dicen que las emociones son la geografía del alma. Resulta que un buen viaje, como la mayoría de las cosas que merecen la pena en esta vida, es mas excitante si dejamos un margen para la improvisación. Diseñar un itinerario es recomendable (una hoja de ruta, como le gusta decir ahora a la gente instruida), pero más recomendable aún es ir modificándolo in situ mientras vas desfilando al ritmo sosegado que impongan tus pasos. Que divertido es viajar, que placentero, que recompensa tan extrema, que te permite exprimirla hasta tal punto que sólo tú decides donde aposentar el límite. A pesar de que la soledad sea deseable (uno necesita espacio a veces para explorar su propia singularidad), en general es mas reconfortante viajar con alguien y compartir vivencias, pan y cabreos.
Una sabia mezcla de azar y voluntad humana ha querido que ya hayamos recibido nuestros primeros visitantes, con los que hemos compartido un par de viajes por Malasia; Grata e impagable experiencia. El “primer algo” digamos que es difícil de olvidar, lo mismo que “el último algo”. Hay estudios que muestran que nuestra memoria es tan puñetera que normalmente sólo almacena con éxito y fidelidad las etapas iniciales y finales de cualquier suceso. Un pequeño trampantojo evolutivo para vidas y mentes finitas. Una vida que transcurre a lo largo de un continuo espaciotemporal, expuestos a un sinfín de emociones, bocanadas y sobresaltos, y el presupuesto con el que contamos no da sino para fijar un exiguo rango de dicotomías opuestas. Tan chiquitos nosotros, tan de media ostia, y tantas dimensiones por abarcar.

Trekking selvatico
Como os decía, iba yo a hablar de la sensación atávica en la que te sumerges mientras avanzas a través de la espesa e interminable jungla de Taman Negara, y al final otra vez hablando de sensaciones, de pesares metafísicos. Ya podríamos ser replicantes u ovejas eléctricas. Hace unos días descubrí el caso de una mujer australiana muy particular. Una mujer como muchos otros, profesionales o no, que se encargaba de paliar el dolor a aquellos que luchan por mantener un mínimo de humanidad que los ate a este mundo antes de partir. Enfermos terminales, ancianos, seres humanos casi etéreos, pero lúcidos y calmados ante el peso inequívoco de lo inminente. Bronnie Ware, que así se llama esta dama, era el último enlace, el eslabón final de esa cadena opuesta de “primeras y últimas cosas” que componen nuestra existencia. Un reflejo de ellos mismos, donde apaciguar sus miedos y el apetito insaciable de la muerte. Confiaban en ella, le entregaban sus mas íntimos secretos. Ellos, bebés adultos desposeídos, la trataban como una madre universal, una Verónica que limpiara su rostro impío empapado de sudor.
Y esta mujer, imagino que entre perpleja y agradecida, llenas sus meninges con torrentes de recuerdos ajenos, decidió de entre toda la pléyade de confesiones escribir un libro donde recoger los arrepentimientos y frustraciones que la gente, haciendo balance, colocaba en lugar preferente. La parte más meláncólica, más indecorosa de la vida de cada uno, eso que nos enseñaron a ocultar, a disimular entre toneladas de razonamientos utilitaristas.
De entre todas, la escritora detectó cinco cosas que se repetían una y otra vez, con una frecuencia abrumadora por encima del resto. 5 cosas que hubieran hecho de forma diferente en sus vidas
Me gustaría enunciarlas aquí, dejando espacio entre cada una, para que hagan poso. Que el fluir pausado de las palabras vaya transpirando lentamente.

 

Ojalá hubiese tenido el coraje para vivir una vida auténtica por mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí.

 

Ojalá no hubiese trabajado tanto

 

Me hubiese gustado tener el coraje para expresar mis sentimientos

 

Lamento no haberme mantenido en contacto con mis amigos

 

Desearía haberme permitido ser más feliz

 

Nada de “Ojalá hubiera podido aplastar a Fulanito cuando tuve la oportunidad”. Nada de “debería haber tenido más éxito y ambición en mi trabajo”. Nada de “creo que debería haber amasado una fortuna mayor” ni “debería haber sido más individualista y pensar menos en los demás”. Ni cosas como “debería haber cogido un adoquín más grande y reventarle la cabeza a ese policía” o “tendría que haber dado mas palos, más pelotazos de goma y haberme cargado a alguno de esos antisistemas que sólo saben molestar y dar problemas”. Ni siquiera eso, a pesar del afán de nuestros políticos y medios de comunicación cómplices por convencernos que es lo que media España querría hacerle a la otra mitad.
Nadie se arrepentía de no haber odiado lo suficiente, nadie se lamentaba de haber sido demasiado débil, nada de roñosidad emocional, de ambición personal desmedida. Nada de eso.

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Con estos mimbres en mente, iba yo a hablar de Malasia, de la Isla de Penang, que parece imaginada; de Georgetown que condensa todo el sabor multicultural de este país en un racimo sedimentado de callejuelas y añejos edificios. Yo iba a habla de todo esto, y al final aquí me tenéis, otra vez a vueltas con la misma historia. La gente se arrepiente de no haber llevado una vida coherente, de haberse dejado influir por las expectativas de los demás, de no haber ocupado más tiempo y más energía en cuidar y demostrar su aprecio a sus semejantes. ¿Es posible que el secreto para ser feliz pueda resumirse en tan sólo dos líneas? Da que pensar que algo tan obvio, tan simple, pase inadvertido y sea tan jodidamente irrealizable por la mayoría de nosotros. Siempre expuestos al ruedo usurpante de esta sociedad. Siempre con el miedo en el cuerpo, para que negarlo. Desde criajos ya nos aleccionan, no solo os tenéis que defender de la que se os viene encima, no, encima hay que tener cuidado de que no afloren vuestros puntos débiles, nos dicen, nuestras emociones nos definen mejor que nada, cuidado que cartas enseñas, casi nos acaban convenciendo de que es algo obsceno el ir mostrando por ahí lo que uno siente. Y claro, iba yo a hablar de este periplo como decía, de jactarme de mi experiencia cosmopolita, deleitandome con todas las experiencias que estoy acumulando, para disfrute y envidia del personal, pero he decidido cambiar el rumbo. Una vez más. Sinceramente, no me gustaría abrirle mi corazón a cualquier Bronnie Ware en las postrimerías de mi existencia, y descubrir que he perdido contra mi mismo. Parafraseando al gran Calamaro, no sé lo quiero, pero sé lo que no quiero. Y hasta dónde yo creo, es un buen comienzo.

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Iba yo a hablar de la resplandeciente y titánica soledad de las torres Petronas, de como se exhiben observándote con estudiado y relamido orgullo. Iba yo a hablar de todo eso y al final, queriendo hablar de Malasia, he acabado hablando de todos vosotros.

De lo que os apreciamos, de lo que os echamos de menos. A los presentes, a los que ya cerraron sus ojos y los que están a punto de abrirlos, grandes, redondos, llenos de luz nueva.

 

Amanece un nuevo día en Taman Negara

Amanece un nuevo día en Taman Negara

Miguel & Lu

p.d. Os dejamos un vídeo donde creemos que se resume muy bien todo lo que hemos querido expresar en esta entrada (por si alguien se mareó entre tanto galimatías existencial), y algo de lo que nos hemos dejado en el tintero sobre las maravillas que esconde Malasia.

AQUI el enlace por si alguién tiene problemas de visualización

Musica: “Loco” de Antonia Fónt

 

 

 

 

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5 Respuestas a “Iba yo a hablar de…

  1. Releo la entrada meses después y me recorre la misma sensación… Me emociona la forma, el contenido y el emisor… Os mando muchos besos!!! Qué ganitas de veros!! Este año la aventura comienza en Vietnam!!!

  2. Pingback: ¿Hay vida culinaria en las calles de Singapur? 10 hawker centres que no debes perderte. |·

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