El legado de Angkor (parte I)

Alguno de estos templos – que rivalizan con el de Salomon y parecen erigidos por algún antiguo Miguel Angel – podrían tener un lugar de honor a lado de nuestros más bellos edificios. Es mayor que cualquiera de nuestros legados de Grecia o Roma y presenta un triste contraste con el estado de barbarie en el que se halla ahora sumergida la nación.”

Angkor Wat3

En enero de 1860 el explorador y naturalista francés Henri Mouhot, autor de las palabras arriba citadas, alcanzaba por primera vez Angkor, cuya mayor parte permanecía oculta y parcialmente abandonada desde hacía siglos. Aunque no fue el primer “hombre blanco” en llegar a estas ruinas (hay testimonios escritos de visitantes desde el siglo XVI) si que fue el responsable del redescubrimiento al mundo occidental de los templos y la cuasi-desconocida civilización Jemer. Su entonces popular libro Voyage dans les royaumes de Siam, de Cambodge, de Laos, publicado postumamente en 1868, así como diversos discursos y una serie de fotografías que realizó en 1866, hicieron el resto. Desde entonces han pasado casi 150 años y Angkor es ya por derecho propio una de las maravillas del mundo moderno, patrimonio de la humanidad y la fuente de ingresos más importante de Camboya. Su pétrea arquitéctura de inhiestas formas vuelve a ser transitada por millones de personas tal y como debió ocurrir en el siglo XI, aunque el resonar de los tambores de guerra y las plegarias de fervor hacia los príncipes-dioses jemeres hayan sido sustituidos por el paso fugaz y elástico de los turistas o el zumbido metálico de los Tuk-Tuks.

Puerta Este de Angkor Thom

Angkor hoy es, quien lo diría, una globalizada torre de Babel. No hay más que pasearse por la ciudad para comprobar los informes corrillos acompañados de sus correspondientes guías lacónicamente encabezando la comitiva, como niños participando de una frenética carrera, donde se mezcla el inglés con ruso, francés, japonés y español en un incesante y lenguaraz maremoto humano. Los interminables grupos de chinos son especialmente llamativos. Llegan en marabunta, aire acondicionado hasta la puerta, mascarillas, mirada indolente, no se les vaya a pegar algo, transformando el paisaje de forma efímera pero implacable. Ay de tí si tienes la mala suerte de coincidir con ellos en algún palacio o ruina. Pasan veloces, devolviendo el silencio y la quietud tan rápido como te la arrebataron. Cientos de gestos mecánicos, sincronizados en un ejercicio de profunda y trágica belleza, colectivos en el ocio, colectivos en el trabajo, colectivos en su distopía. Uno se pregunta si Europa, que sigue en su estrategia ombliguista de mirar para otro lado, es consciente de lo que se está cociendo aquí. No es que el eje geopolítico haya cambiado, es que lo han destrozado. No hay metáfora más terriblemente perfecta y engrasada que la marea incesante de asiáticos rodeándote, donde uno se siente doblemente extranjero, doblemente inoportuno, conservando algo de rancia dignidad heredada, que para eso fuimos los colonizadores de todo esto digo yo. Muchos Camboyanos no habrán tenido conciencia ni medios para poder disfrutar de mi existencialismo de taberna pequeño burguesa. Supongo.

Bayon

Nadie puede pedir peras al olmo. Y la masificación de Angkor se justifica, una de esas escasas y milagrosas coincidencias donde hasta el hombre mas insensible no puede sino doblegarse ante las vistas que engalanan sus ojos. Angkor es un ejemplo más del ciclo vital de la historia de este mundo: Nacimiento, Auge y Caida, una civilización salida de no se sabe muy bien donde, dominan un imperio que abarca la actual Camboya, Laos y Thailandia, así como partes de Vietnam, China o Myanmar y se esfuman tan misteriosamente como llegaron. Solo por eso ya merece una visita, una fábula de la que merece la pena empaparse y aprender (o al menos tener la intención de intentarlo). Pero hay mucho más que rascar. La naturaleza aquí es un arquitecto más y si las construcciones que fueron dejando los jemeres en Angkor a lo largo de su existencia son espectaculares por si mismas, su posterior abandono y engullimiento por parte de la selva hace de estas ruinas un ejemplo involuntario de mimesis pocas veces superado. Las mayoría de las construcciones se inspiraron en la casi inabordable cosmogonía hindú y en el fervor religioso que articuló toda la nación (templos a modo de montañas sagradas donde moran dioses y reyes, lagos como océanos primigenios) y finalmente la naturaleza les devolvió el favor, creando un escenario mágico de piedra y vegetación.

Angkor Wat7

Cierra los ojos, piensa en el trópico: ruinas misteriosas cubiertas de musgo, ventiladores en el techo, mosquiteras, humedad asfixiante, plantaciones de caucho, agua con hielo. La imagen que se forma en tu cabeza será la de Camboya. Es posible que no hayas visto una imagen real de Angkor en tu vida (aunque lo dudo), pero no importa: cine, narrativa, arte audiovisual de todo tipo han creado un estereotipo que yace en la imaginería colectiva occidental y que a modo de monstruo que se devora a si mismo en una suerte de bucle infinito, crece cada día exponencialmente. Esa es la clave de la masificación de Angkor, todos queremos ser unos arqueólogos buenorros invulnerables a lo Indiana Jones o Lara Croft, todos ansiamos conocer al coronel Kurtz, todos deseamos encontrar la inspiración que Conrad o Kipling supieron canalizar mientras hollaban paisajes similares, imploramos nuestra párcela de exotismo particular, que nos aleje del mundanal ruido, de la nausea contenida. Angkor nos da todo eso sin tener que empeñar nuestra piel en cansadas y remotas expediciones de final incierto.

Aunque sepamos que no somos los únicos.

Aunque la semana que viene suene el despertador de nuevo a las 7:00,

o peor todavía, que otro día más, no suene.

Angkor Wat10

El último y fabuloso legado de una civilización a sus descendientes. un pueblo, el camboyano, que trata de asimilar con ánimo y dignidad el papel secundario que les ha tocado jugar en la escena geopolítica asiática. Siempre ofreciendo una sonrisa, siempre mirando al frente, risueños. Y eso que han tenido motivos mas que de sobra para perder la esperanza en los últimos doscientos años.

Intentaremos mostraros algo más de nuestro viaje por estas tierras en próximas entregas.

¡Bienvenidos!

Miguel y Lu

Galeria en Baphuon

Anuncios

9 Respuestas a “El legado de Angkor (parte I)

  1. A mi también me sorprendió ver que los guías turísticos hablan japonés, ruso, español…Al explorar Angkor en mi segunda madrugada en Cambodia, también me di cuenta que no sirvo para Indiana Jones… no llevaba ni linterna, ni cerillos, ni nada fosforescente para poder ver…

  2. Fantástico, nenes, me ha encantado lo que habéis contado, como lo habéis contado. Enhorabuena, y seguid regalándonos vuestra visión. Ah, y ¡ole el arte!

    • Viniendo de un sesudo lector y observador del mundo es todo un honor y un orgullo que nos dediques esas palabras!!! oleeeee. Un abrazo gordo…(que ganas de migas retameras by the way!!!!)

  3. Apasionante inmersión en el exótico legado asiático que conmueve y empequeñece… Gracias por hacerla posible imaginariamente mientras espero otra más experiencial. Os quiero!!

  4. Pingback: Conheça as 10 melhores cidades do mundo para fotografar – Fotografia Básica·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s